Autismo y Asperger: Dos formas de ser en una misma diversidad.
- Zera psicologia
- 15 ene
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Durante muchos años, el Síndrome de Asperger fue utilizado como diagnóstico independiente para describir a personas con dificultades en la interacción social, intereses específicos y patrones comunicativos particulares, pero con desarrollo cognitivo y lingüístico considerado típico. Hoy, sin embargo, el marco conceptual y diagnóstico ha cambiado, lo que ha generado dudas e incluso confusión sobre la relación entre Asperger y TEA (Trastorno del Espectro Autista).
Este artículo busca aclarar las diferencias históricas, los criterios actuales y los matices clínicos y sociales que rodean ambos términos.
El término Síndrome de Asperger fue propuesto por Lorna Wing en 1981, inspirada en las descripciones del pediatra austríaco Hans Asperger en 1944. En ese momento, la categoría tenía un propósito: describir un perfil clínico distinto dentro del espectro autista, caracterizado por:
-Lenguaje sin retraso significativo
-Cociente intelectual dentro o por encima del promedio
-Intereses restringidos de alta especialización
-Dificultades sociales y comunicativas
-Literalidad y rigidez cognitiva
Este diagnóstico fue incorporado oficialmente en 1994 en el DSM-IV, lo que permitió investigaciones más específicas y comunidades diagnósticas más claras.
En 2013, con la publicación del DSM-5, se produjo un cambio importante: el Síndrome de Asperger dejó de ser un diagnóstico independiente y pasó a considerarse parte del Trastorno del Espectro Autista (TEA), específicamente dentro del nivel previamente llamado “alto funcionamiento”.
La razón de este cambio fue doble:
-Evidencia neurobiológica y genética: no existían diferencias claras que justificaran dos diagnósticos separados.
-Variabilidad clínica: muchas personas con Asperger también presentaban características típicas del espectro, solo que con menor impacto en el lenguaje o la cognición.
En otras palabras, hoy Asperger es una forma de autismo, no una condición aparte.
Si hablamos desde el punto de vista histórico, las diferencias eran aproximadamente estas:
Síndrome de Asperger
-Sin retraso significativo del lenguaje
-CI promedio o superior
-Mayor torpeza social y motriz
-Intereses específicos muy acotados
Autismo (TEA) clásico
-Posible retraso del lenguaje
-Mayor afectación en comunicación social temprana
-Intereses restringidos y conductas repetitivas
-Variabilidad en el desarrollo cognitivo
Sin embargo, en la práctica clínica estos límites eran ambiguos, por lo que muchos profesionales diagnosticaban de manera distinta según país, escuela diagnóstica o acceso a información.
Actualmente, el TEA se clasifica según niveles de apoyo:
Nivel 1: requiere apoyo (perfil similar al que antes se diagnosticaba como Asperger)
Nivel 2: requiere apoyo sustancial
Nivel 3: requiere apoyo muy sustancial
Esto permite centrarse menos en etiquetas y más en la necesidad real de apoyo, evitando exclusiones.
Aunque el término Asperger desapareció a nivel clínico, no desapareció a nivel social. Muchas personas continúan identificándose como “asperger”, “aspie” o “autistas de alto funcionamiento”, por razones de identidad, comunidad y pertenencia.
En el marco de la neurodiversidad, ambos términos se integran en una visión más amplia:
-Se rechaza la idea de “patología” como única forma de entender el autismo
-Se reconoce la diversidad neurológica como parte de la variación humana
-Se busca disminuir el estigma, no eliminar rasgos.
La diferencia entre TEA y Síndrome de Asperger no es que uno sea una enfermedad diferente al otro, sino que:
-Asperger fue una categoría diagnóstica histórica
-Hoy forma parte del TEA
-La distinción ya no se usa en la clasificación clínica actual
-El perfil corresponde hoy al TEA nivel 1, con necesidades de apoyo específicas
Comprender estos cambios ayuda a:
-Evitar confusiones
-Acompañar mejor a las personas del espectro
-Respetar identidades y preferencias individuales
-Actualizar el lenguaje profesional sin invalidar vivencias
Desde esta mirada, condiciones como el autismo, el TDAH, la dislexia u otras formas de funcionamiento neurológico no se entienden únicamente como enfermedades o déficits, sino como variaciones en la forma de pensar, sentir, percibir y relacionarse con el mundo.
Por ZERA psicología y Psicosentir y Actuar.



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