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Los sentimientos que deja el abuso y el maltrato: heridas invisibles que hablan en silencio.

  • Foto del escritor: Zera psicologia
    Zera psicologia
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

El abuso y el maltrato no solo dañan el cuerpo o vulneran un derecho; dejan marcas profundas en el mundo emocional de quien los vive. Son experiencias que alteran la forma en que una persona se percibe a sí misma, se vincula con otros y entiende el mundo. Muchas de estas heridas no se ven, pero se sienten todos los días.


Hablar de los sentimientos que genera el abuso no es abrir viejas heridas, es nombrarlas para poder sanarlas.


Uno de los sentimientos más persistentes es el miedo. Miedo a que vuelva a suceder, a no ser creído, a hablar, a confiar. Este miedo puede manifestarse como:


-Hipervigilancia

-Ansiedad constante

-Dificultad para relajarse

-Sensación permanente de peligro


El cuerpo aprende a sobrevivir incluso cuando el peligro ya no está.


Muchas personas que han sufrido abuso o maltrato cargan con una culpa que no les pertenece. Surgen pensamientos como:


“Debí haber hecho algo”

“Fue por mi culpa”

“Yo lo permití”


La vergüenza aparece cuando el daño vivido se confunde con la identidad: “algo está mal en mí”.


Estas emociones suelen ser silenciosas, pero profundamente corrosivas para la autoestima.


El abuso genera pérdida de: 


  • La confianza

  • La inocencia

  • La sensación de control

  • Los  vínculos seguros


Por eso, muchas personas atraviesan una tristeza que no siempre tiene palabras. A veces se expresa como apatía, llanto frecuente, vacío emocional o desconexión de la vida cotidiana. Es un duelo que necesita ser reconocido.


La rabia suele ser una emoción reprimida en las víctimas, especialmente cuando el abuso ocurrió en la infancia o dentro del entorno familiar. Esa rabia puede aparecer como:


-Irritabilidad

-Explosiones emocionales

-Autoexigencia extrema

-Conductas autodestructivas


No es una emoción negativa; es una señal de que algo fue injusto y traspasó límites.


El abuso, especialmente cuando viene de figuras cercanas, genera confusión:


-Amor mezclado con daño

-Cuidado junto a violencia

-Afecto acompañado de miedo


Esto impacta en la vida adulta, dificultando: Establecer vínculos seguros, reconocer límites, confiar en otros, confiar en uno mismo. 


La persona aprende a dudar de sus propias emociones. Algunas personas no sienten “demasiado”, sino “muy poco”. La desconexión emocional, el adormecimiento o la disociación son mecanismos de defensa frente a un dolor que fue abrumador.


No es frialdad, es supervivencia.


Sanar del abuso y el maltrato no implica borrar lo vivido, sino integrarlo sin que defina quién eres. El proceso terapéutico permite:


-Nombrar emociones

-Validar el dolor

-Reconstruir la autoestima

-Recuperar el control

-Aprender a sentirse seguro nuevamente


El acompañamiento profesional ofrece un espacio donde la historia puede ser contada sin juicio, sin prisa y con respeto.


Si viviste abuso o maltrato, tus sentimientos tienen sentido.

No eres débil por lo que sientes, eres humano por haber sobrevivido.

Hablar, pedir ayuda y permitirte sentir es un acto de valentía.


Las heridas emocionales pueden sanar cuando encuentran un espacio seguro donde ser escuchadas, porque como señala Ivonne Laborda (3 de mayo de 2019), la herida más profunda no siempre es el abuso o el maltrato, sino la soledad con la que muchas personas han tenido que vivir


Por ZERA Psicología y Psicosentir y Actuar. 


 
 
 

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