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La conducta como mensaje: caminos de intervención en los trastornos del comportamiento.

  • Foto del escritor: Zera psicologia
    Zera psicologia
  • 29 ene
  • 3 Min. de lectura

Los trastornos del comportamiento son condiciones que afectan la capacidad del niño o adolescente para regular emociones, respetar normas sociales, manejar impulsos y adaptarse a contextos familiares y escolares. Entre los más frecuentes se encuentran el Trastorno Negativista Desafiante (TOD), el Trastorno de Conducta, y algunas manifestaciones conductuales dentro del TDAH.


Más allá del diagnóstico, es necesario entender que el comportamiento es siempre una forma de comunicación. Por ello, la intervención exige un enfoque amplio, que incluya factores neurobiológicos, emocionales, familiares, escolares y sociales.


Antes de intervenir, el primer paso es evaluar. Esto implica:

-Historia clínica y psicosocial

-Observación del comportamiento en diferentes contextos

-Entrevistas con padres y docentes

-Evaluación psicométrica y neuropsicológica cuando corresponde

-Identificación de desencadenantes y funciones del comportamiento


En este punto, es clave distinguir si la conducta cumple funciones como:

-Evitar una actividad o situación

-Obtener atención

-Autorregularse

-Conseguir un objeto o beneficio

-Comprender el para qué del comportamiento es la base de cualquier intervención efectiva.


Una parte importante del tratamiento se centra en el entrenamiento en habilidades. Algunas intervenciones eficaces incluyen:

  • Entrenamiento en regulación emocional

  • Se trabaja para que el niño comprenda, identifique y modifique estados emocionales intensos como la ira, la frustración o la ansiedad.

  • Entrenamiento en control inhibitorio y funciones ejecutivas

  • Se fortalecen habilidades como:

-Espera

-Planeación

-Resolución de problemas

-Flexibilidad cognitiva


Estas funciones tienen correlatos neurobiológicos y se relacionan con la impulsividad y la conducta desafiante.


  • Terapia cognitivo-conductual (TCC)

Permite:

-Reestructurar pensamientos rígidos o hostiles

-Reducir patrones de agresión

-Aprender habilidades sociales

-Reducir la reactividad emocional


  •  Entrenamiento en habilidades sociales

Indicado cuando existen dificultades con normas sociales, empatía o relación con pares.


Los trastornos de comportamiento no ocurren en el vacío. La familia desempeña un rol fundamental y la evidencia muestra que trabajar solo con el niño rara vez es suficiente. Intervenciones recomendadas:

  • Psicoeducación a padres

Explicar el trastorno, su origen, expectativas realistas y herramientas de manejo.

 Entrenamiento en crianza positiva

Trabajar temas como: refuerzo positivo, normas claras, manejo de límites, rutinas estructuradas y consecuencias proporcionales y no punitivas.

  • Mejora del clima familiar

Cuando existen altos niveles de conflicto, estrés o comunicación disfuncional, se aplican intervenciones sistémicas para mejorar el vínculo.


La escuela debe ser parte activa del proceso. Es fundamental que exista comunicación entre padres–psicólogo–docente.


Estrategias útiles:

-Adaptaciones en aula

-Refuerzo positivo sistemático

-Contratos conductuales

-Señales visuales o anticipaciones

-Pausas de regulación

-Rutinas predecibles


El objetivo no es castigar al estudiante, sino acompañar, ayudarlo a regularse y promover habilidades de convivencia.


En algunos casos, especialmente cuando hay comorbilidades como TDAH, ansiedad o depresión, el tratamiento puede incluir medicación prescrita por psiquiatría infantil. El medicamento no reemplaza la intervención psicoeducativa y familiar, pero puede mejorar:


-Control de impulsos

-Atención

-Agresividad reactiva

-Regulación emocional


Los trastornos del comportamiento no son un destino, y muchos niños mejoran significativamente cuando existe:

-Intervención temprana

-Acompañamiento consistente

-Contención emocional

-Límites coherentes

-Trabajo multidisciplinario


El pronóstico es más favorable cuando se evita la estigmatización y se interpreta la conducta como una demanda de ayuda, no como un ataque al adulto.


La intervención en los trastornos del comportamiento requiere un enfoque multinivel, donde el niño no sea visto como “el problema”, sino como un ser en desarrollo que necesita comprensión, estructura, regulación emocional y adultos capaces de acompañar el proceso.

La clave está en integrar las áreas: clínica, familiar, escolar y emocional. Solo así se logra que el comportamiento no sea únicamente corregido, sino comprendido, reorientado y transformado.


Por ZERA psicología y Psicosentir y Actuar.

 
 
 

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