Cuando el amor se vuelve herida...
- Zera psicologia
- hace 17 minutos
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La violencia de pareja no siempre comienza con golpes. Muchas veces inicia con palabras que hieren, silencios que castigan, controles disfrazados de cuidado y límites que se van desdibujando poco a poco. Cuando la violencia aparece dentro de una relación afectiva, el impacto emocional es profundo, porque el daño proviene de alguien que se supone debía cuidar.
Las heridas que deja no son sólo visibles en el cuerpo; permanecen en los sentimientos, en la forma de amar, de confiar y de mirarse a uno mismo.
Uno de los sentimientos más frecuentes es la confusión. La víctima suele preguntarse: “Si me ama, ¿por qué me duele?” “¿Soy exagerada/o?” “Tal vez yo provoqué esto”.
La violencia de pareja suele alternarse con momentos de afecto, arrepentimiento o promesas de cambio, lo que genera un vínculo ambivalente donde el amor se mezcla con el miedo. Esta confusión dificulta identificar el maltrato y tomar decisiones.
La culpa es una carga pesada en quienes viven violencia de pareja. Aparece como una voz interna que responsabiliza a la víctima:
-“Si yo fuera diferente, no pasaría”
-“Yo lo/la hice enojar”
-“Debí haberme ido antes”
Esta culpa no nace de la realidad, sino de un proceso de manipulación emocional que debilita la autoestima y distorsiona la percepción de los hechos.
El miedo se instala incluso cuando no hay agresión directa. Es un miedo anticipatorio:
-miedo a decir algo incorrecto
-miedo a provocar enojo
-miedo a las reacciones
-miedo a estar sola/o
-miedo a no poder salir de la relación
El cuerpo vive en alerta, como si el peligro pudiera aparecer en cualquier momento.
La violencia sostenida erosiona la identidad. Muchas personas dejan de reconocerse:
se sienten pequeñas, dudan de sus decisiones, pierden seguridad, dejan de expresar lo que sienten o se adaptan para evitar conflictos
La autoestima se fragmenta cuando el mensaje constante es: “no vales”, “no sabes”, “no puedes”.
La rabia suele ser silenciada por miedo a empeorar la situación o por la creencia de que “en una relación no se debe enojar”. Esa rabia no expresada se transforma en:
-tristeza
-somatizaciones
-ansiedad
-irritabilidad
-depresión
No es que la persona sea “inestable”; es una reacción al daño sostenido.
Muchas víctimas se aíslan por vergüenza o por temor a no ser comprendidas. Pueden sentir que: nadie les va a creer, serán juzgadas o “permitieron demasiado”.
El agresor, además, suele reforzar este aislamiento, debilitando redes de apoyo y aumentando la dependencia emocional.
Salir de una relación violenta no es solo un acto físico, es un proceso emocional complejo. Sanar implica:
-reconocer que fue violencia
-desmontar la culpa
-recuperar la autoestima
-reaprender a poner límites
-reconstruir la confianza
-volver a sentir seguridad
El acompañamiento psicológico es fundamental para resignificar la experiencia y romper el ciclo de la violencia.
Si estás viviendo o viviste violencia de pareja, lo que sientes tiene sentido.
No fue tu culpa.
No estás exagerando.
No estás sola/o.
El amor no duele, no controla, no humilla, no amenaza.
Buscar ayuda es un acto de valentía y de amor propio.
Por ZERA psicológica y Psicosentir y Actuar.



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