Trastornos del comportamiento: comprender más allá de la “mala conducta”
- Zera psicologia
- 27 ene
- 2 Min. de lectura

Hablar de trastornos del comportamiento significa adentrarse en un terreno donde lo conductual, lo emocional y lo social se entrelazan. Con frecuencia, estas condiciones se confunden con “rebeldía”, “mala educación” o “falta de límites”, lo que genera estigmas que dificultan su comprensión e intervención adecuada. Por eso es importante ampliar la mirada: los trastornos del comportamiento no son un problema moral, sino un fenómeno clínico y relacional que requiere acompañamiento.
Los trastornos del comportamiento agrupan patrones persistentes de conductas que violan normas sociales, transgreden derechos de otros o generan conflictos significativos en el entorno del niño, adolescente o adulto. No se trata de conductas puntuales, sino patrones estables en el tiempo, que afectan el desarrollo emocional, académico, laboral y familiar.
Entre los trastornos más reconocidos se encuentran:
Trastorno negativista desafiante (TND)
Caracterizado por irritabilidad, oposición continua, discusiones con figuras de autoridad y dificultad para tolerar frustraciones.
Trastorno de conducta (TC)
Implica violación de normas sociales más severas, agresión hacia personas o animales, destrucción de propiedad, conductas delictivas o engaño.
Trastorno explosivo intermitente (TEI)
Se manifiesta con estallidos de ira desproporcionados, impulsividad y dificultad para regular emociones.
Estas categorías pueden coexistir con otras condiciones del neurodesarrollo, como el TDAH, o con problemas afectivos y ansiosos.
Las cifras estiman una prevalencia aproximada entre el 8 y el 12% de la población infantil, con mayor frecuencia en el sexo masculino, aparición temprana y, en algunos casos, manifestaciones más intensas. Sin embargo, reducir esta problemática a números o conductas observables corre el riesgo de invisibilizar lo más importante: el sentido subjetivo de esos comportamientos.
En relación a la etiología o causa que producen los problemas de comportamiento, se pueden plantear tres preguntas que no tienen respuestas simples:
¿Son un reflejo de la sociedad actual?
¿Expresan aspectos de la naturaleza humana?
¿O son manifestaciones de un estado de enfermedad?
La realidad clínica muestra que no existe una causa única. Los trastornos del comportamiento surgen de la interacción de múltiples factores: contextuales, vinculares, temperamentales, genéticos y simbólicos. Estas variables no actúan de forma aislada, sino que se potencian entre sí.
Las manifestaciones pueden variar según la edad, pero suelen incluir:
-Discusiones constantes con adultos
-Desobediencia persistente
-Agresión física o verbal
-Mentiras frecuentes
-Destrucción de objetos
-Robos o conductas delictivas
-Irritabilidad elevada
-Impulsividad
-Dificultad para aceptar normas
-Poco remordimiento o conciencia del daño
En muchos casos, estas conductas no son intencionalmente “malas”, sino formas desadaptativas de expresar frustración, miedo, desregulación o dolor emocional.
Los trastornos del comportamiento pueden generar consecuencias en varios niveles:
-Académico: bajo rendimiento, expulsiones o conflictos escolares
-Social: aislamiento, bullying, rechazo por pares
-Familiar: desgastes, discusiones, tensiones con cuidadores
-Emocional: baja autoestima, culpa, dificultad para confiar
-Legal: especialmente en casos de trastorno de conducta
Sin una intervención adecuada, estos problemas tienden a cronificarse, afectando la vida adulta.
Un enfoque más humano y clínicamente efectivo reconoce que:
Toda conducta comunica algo.
Lo que parece “desafío” puede ser desregulación.
Lo que parece “agresión” puede ser miedo.
Lo que parece “desobediencia” puede ser necesidad no expresada.
Este enfoque reduce la culpa, mejora el acompañamiento y abre espacio al cambio.
Por ZERA psicología y Psicosentir y Actuar.



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